Es triste pedir…


El otro día en el metro me encontré con un personaje curioso que me hizo reflexionar. No tocaba el acordeón, ni el saxo, no iba con un carrito tuneado con el chumba-chumba a toda castaña, no acabada de salir de la carcel… pero su tonadilla interrumpía mis propias reflexiones.

“Es triste pedir pero más triste es ser… autónomo”

Automáticamente le presté atención pués era un argumento, digamos, muy cercano.

“No pido limosna, sólo pido que me paguen lo que me deben”

Acongojado pensé que se iba a sacar una pistola del bolsillo, pero seguí escuchando y pidiendo que llegara la siguiente estación.

“Yo creí que era empresario cuando en realidad lo que fuí, y sigo siendo, es autónomo. ¿Dónde reside el error? Era un autónomo ambicioso, o emprendedor, que fué aumentando su negocio contratando a otros autónomos o asalariados. Yo pensé que era empresario, pero estos visten diferente.”

Interesante, pensé, le daré un par de estaciones más de margen.

“Creé una sociedad anónima, que da mucho caché, pero me dijeron que yo debía seguir siendo autónomo. Y contraté a la gente que normalmente trabajaba para mí. Una pyme, que bien suena, pequeña y mediana empresa, que bien suena; pero yo soy una micro empresa, vamos, un autónomo con varias familias a mi cargo.”

La cosa se tuerce, ahora me contará lo de los hijos, la mujer, la madre…

“Seguí trabajando como el que más, aunque ganaba menos. Me posicioné en el mercado, era feliz. Empecé a trabajar con clientes cada vez mayores, empresas públicas, grandes empresas privadas, grupos empresariales, etc. Gente importante.”

Este hombre tiene una larga historia que contar.

“Cada trabajo que hacía para ellos era prometedor, complicado pero prometedor. Hazme varios presupuestos, preséntame la documentación conforme estás al día con hacienda, la seguridad social de tus trabajadores, las revisiones médicas, seguridad e higiene… Y yo, que sólo quería trabajar para estos grandes clientes lo cumplía todo a rajatabla.”

Ahora vendrá lo de cobrar.

“Mis proveedores me adoraban porque yo era cumplidor y siempre pagaba en la fecha acordada. Mis clientes seguían trabajando conmigo porque siempre cumplía los plazos. Claro, otra cosa es cuándo ellos me pagaban a mí, porque, cosas de la vida, el que negociaba conmigo no se hablaba con el que me tenía que pagar. Entonces es cuando vi la luz y pensé que mis grandes clientes, cada vez con nombres más rimbombantes, ya tenían suficiente con su burocracia interna como para que yo les fuera a agobiar con el pago de mi factura. Para eso están los bancos, pensé.”

Este tipo me cae bien, por lo menos es original.

“¡Crédito concedido! Avalando con mi casa, la de mis padres, mi suegra, etc; pero yo tranquilo, que las grandes empresas siempre acaban pagando, y si son públicas, mejor que mejor. Lo de los bancos es circunstancial, no os precupéis, les decía a los ancianos recién jubilados.”

Ya está, este hombre vive debajo de un puente con su mujer, sus hijos, sus padres, suegros…

“Yo, que siempre me preocupé de darles todos los papeles (por inverosímiles que fuesen) que me pedían mis clientes, nunca me preocupé de pedirles a ellos los mismos para verificar que ellos también eran solventes y estaban al día de sus obligaciones. ¡Hombre, me decía a mi mismo, son grandes empresas!”

Y pensar que el 80% de las empresas europeas son pimes.

“No tengo dinero para pagarte este mes, decía el de la pública; nos ha absorvido un grupo más grande y debes hablar con el señor Z, decía la gran empresa; tengo una familia que mantener me decían los trabajadores, me quedo tu casa decía el banco… Y a pesar de ser emprendedor, cumplidor y amante de mi trabajo y mi familia, un día salí a por tabaco (a pesar de no fumar) y ya no recuerdo quien es mi familia, como se llamaba mi empresa, ni porque acabé aquí dando cursos de formación en el metro.”

Aquí debe de haber una cámara oculta, o es un reality, que es lo único que vende.

“Ahora no tengo casa, ni empresa, ni clientes, ni deudas, ni pago autónomos, ni tampoco pago ningún tipo de impuestos. Vivo al día y soy libre.”

Tranquilos, no me pasa nada que no os pase a ninguno de vosotros, sólo es una historia de un señor que me encontré en el metro.

Alfons Grau – Director Gerente de Grau Luminotecnia

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